Discurso

Tomás Hirsch, Día de la NoViolencia

Octubre 02 de 2007, Stgo - Chile

Lunes 8 de octubre de 2007, por Tomás Hirsch

Palabras de Tomàs Hirsch durante la celebraciòn del Dìa Internacional de la Noviolencia Activa en la ciudad de Santiago de Chile.

Estamos aquí para celebrar este primer día Internacional de la No Violencia, decretado por las Naciones Unidas coincidiendo con el natalicio del Mahatma Ghandi.

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Pero aun cuando hoy celebramos, no podemos dejar de levantar la voz para denunciar la Violencia generalizada en nuestro país, en nuestro continente y en el planeta entero.

No podemos dejar de levantar la voz por los millones que hoy no tienen nada que celebrar. Por los que sufren la represión y la violación a sus más elementales derechos humanos. Elevamos la voz por los que hoy se levantaron sin saber si conseguirían algo para comer.

Denunciamos a quienes, teniendo todas las herramientas y posibilidades para superar el dolor y el sufrimiento, no hacen nada, y por el contrario, acrecientan el dolor de millones.

Dejemos por hoy de lado nuestro propio nombre y apellido, y digamos:
Soy Mujer y sufro violencia laboral, violencia familiar, discriminación y abuso.

Soy joven y me discriminan por serlo. Me miran con sospecha. No me permiten estudiar a menos que pague. Y si protesto me apalean. Si encuentro trabajo me pagan como a un esclavo.

Soy Jubilado, y sufro la violencia cuando me entregan una jubilación miserable después que yo entregué lo mejor de mí a la sociedad.
Soy trabajador y vivo explotado, humillado. No tengo verdaderos derechos laborales. Y en vez de sueldo recibo migajas.

Soy peruano, soy boliviano inmigrante y me discriminan día y noche. No me dan trabajo y me acusan injustamente.

Soy mapuche; me roban mis Tierras y se las entregan a las Multinacionales. La policía me reprime y encarcela cuando lucho por mis derechos.

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Soy trabajadora de casa particular y me explotan más de 12 horas al día, me pagan menos que a nadie, y me despiden cuando quieren.
Soy musulmán y me prejuzgan informando al mundo entero que soy asesino, malvado y peligroso.

Soy homosexual y me descalifican por mi opción afectiva como si fuera un pecado amar al ser amado.

Soy cesante. Este sistema me castiga doblemente. No encuentro trabajo y no tengo como darle salud y educación a mi familia.

Cada uno de nosotros somos jóvenes, mujeres, cesantes y jubilados, somos mapuches, musulmanes, homosexuales, ancianos, peruanos y bolivianos, somos trabajadores, somos niños de la calle.

La violencia no es solo física. Es económica, racial, sicológica, sexual, educacional, generacional, étnica, racial, religiosa.

Nadie puede escapar a la violencia desenfrenada que convierte a los seres humanos en objetos deshechables.

Si hoy celebramos el Día de la No Violencia, es sobre todo para denunciar a este mundo loco de violencia.

Y si hoy nos reunimos en esta Plaza es sobre todo para comprometernos a la Acción No Violenta. La No Violencia es la más poderosa arma para transformar a este sistema. La No Violencia es mucho más que simple pacifismo. Es denuncia de los violentos, es no colaboración con los violentos, es Desobediencia civil frente a la violencia. Es organización social, es movilización. Pero es también transformación personal. Porque esa violencia que está afuera, en el mundo que nos rodea, está también adentro de nosotros mismos. La No Violencia es entonces rebeldía profunda que se convierte en acción de transformación personal y social.
Hoy, cuando celebramos el Día de la No Violencia:

- Recordamos la lucha de Ghandi, quien liberó a la India del colonialismo y nos mostró un camino que hoy nos inspira.
- Recordamos a Martin Luther King que levantó la voz de los discriminados y perseguidos y nos regaló un sueño por un mundo mejor.
- Nos conmovemos con el Mensaje de Silo y nos sumamos con decisión a su lucha No Violenta que hoy se esparce por el mundo entero.

Y nos alegra el espíritu escuchar y observar a las nuevas generaciones que comienzan a levantar la voz por un nuevo tipo de mundo. Hoy esta Plaza acoge sobre todo a jóvenes, que nos muestran un nuevo mundo que ya asoma.

Quienes estamos aquí nos comprometemos a dar lo mejor de nosotros para que en el futuro ya no se tenga que celebrar el Día de la No Violencia porque será el estado normal de la vida los 365 días del año.

Para todos, Paz, Fuerza y Alegría.

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