Por eso es que estamos como estamos, por eso…

Miércoles 3 de junio de 2009, por Juan Diego Restrepo Restrepo

El Estado se convirtió en un nido de corrupciones, en una madriguera de apetitos sin control… un nido de burócratas sin entrañas y de ambiciosos sin escrúpulos, el Estado una eficiente mole de corrupción.” William Ospina, de su libro ¿Dónde está la franja amarilla?

Imposible no deliberar con él o con su autor, en definitiva con sus contundentes afirmaciones

Creo que a todos nos han recomendado en alguna ocasión un libro para leer, pues a mí también. Diría que muchos de esos recomendados están allí pendientes y quizás nunca los leeré, unos por falta de interés y otros por falta de tiempo. Uno de esos libros que estaban pendientes por fin lo leí, después que me lo recomendaran en varias ocasiones. Imposible no deliberar con él o con su autor, en definitiva con sus contundentes afirmaciones. Nunca, nunca me había identificado tanto con un texto, más que académico es una radiografía de este desastre político y social que vive nuestra amada Colombia.

Caserío Los Peréa – Litoral del San Juan
Los jóvenes después de jugar en un lodazal que tienen por cancha, se dirigen al rio San Juan receptor de excrementos de miles de habitantes de la zona para bañarse. Foto: Emilio Ibarguen Pertuz

El libro del que hablo es ¿Dónde está la franja amarilla? de William Ospina, poeta y ensayista colombiano. Un libro que quiero comparar con la realidad de uno de los departamentos más abandonados de nuestra geografía nacional, el Chocó. Mi experiencia de trabajo en esta región me ha llevado a realizar profundas reflexiones, una de ellas la menciona William Ospina en su libro “¿Qué es lo que hace que Colombia sea un país capaz de soportar toda infamia, incapaz de reaccionar y de hacer sentir su presencia, su grandeza?”. Lo primero que tendríamos que pensar es: como lo menciona también el autor sería “preguntarnos si de verdad la sociedad colombiana vive una situación excepcionalmente trágica…” Mi respuesta es que sí, William Ospina afirma lo mismo contundentemente. Yo si estoy convencido que Colombia vive una guerra civil no declarada, así quienes más la alimentan y se lucran de ella manifiesten lo contrario.

Sin vías de acceso, sin posibilidades de educación para la gran mayoría de su población

Para hablar del Chocó tenemos que mencionar inevitablemente a Diego Luís Córdoba, abogado y político colombiano, fundador del Departamento de Chocó, región que antes pertenecía al Departamento de Antioquia. El ilustre Diego Luís después de estudiar Derecho en la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional de Colombia, se convirtió en el primer abogado chocoano. Durante catorce años representó a la población negra de Antioquia en la Cámara y en 1947 logró que se creara el departamento del Chocó, con el objetivo de que la región de mayor concentración de población negra en el país tuviera autonomía. Este antioqueño-chocoano si sabia para que era la política y tenía además claro que si “por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”. Lamentablemente el legado de Diego Luís no persiste con fuerza en el territorio chocoano como si persiste el de Marco Fidel Suarez en Bello-Antioquia para dar solo un ejemplo. Una universidad si lleva su nombre, La Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luís Córdoba, pero da lástima escuchar que sólo la llaman UTCH.

Y es que en Colombia mueren los líderes y con ellos los sueños de transformación y los colombianos siempre nos quedamos sin proyectos que tengan continuidad como es el caso del Chocó y lo peor como menciona William Ospina: “Cuando una sociedad no es capaz de realizar a tiempo las reformas que el orden social le exige para su continuidad, la historia las resuelve a su manera, a veces con altísimos costos para todos”. Y los costos que paga el Chocó son verdaderamente desastrosos, sin vías de acceso, sin posibilidades de educación para la gran mayoría de su población, sin un sistema de salud capaz de atender bien por lo menos a una mínima parte de ella, óigase bien ni a una mínima parte se atiende bien.

Este libro podríamos decir, es un texto defensor del proyecto gaitanista, hasta se emociona uno al conocer a profundidad la lucha librada por este hombre “..hoy es larga y melancólica la lista de lúcidos y clarividentes colombianos que soñaron un país grande y justo, un país afirmado en su territorio, respetuoso de su diversidad, comprometido con un proyecto verdaderamente democrático, capaz de ser digno de su riqueza y de su singularidad, y que pagaron con su vida, con su soledad o con su exilio el haber sido fieles a esos sueños”. En mi memoria están todavía lo más recientes; Luís Carlos Galán Sarmiento, Carlos Pizarro León Gómez, Jaime Garzón y hasta el futbolista Andrés Escobar, también asesinado. Todos tenían un sueño, y ese sueño lo desvanecieron los celebres asesinos de este país. “Los que descompletan las ciudades” como dice el pedagogo Antanas Mockus. Es por ello que en el Chocó nadie se atreve a hablar, a disponerse para emprender caminos reales de transformación, saben que si lo hacen pueden pagar caro el precio. Es preferible para ellos esperar que llueva y recoger agua desde las canoas de sus techos, que reclamar a los dirigentes de turno condiciones dignas, por lo menos un acueducto que suministre agua potable, digna para el consumo humano. En el Chocó ni la capital cuenta con esto.

Aquí hay racismo contra los negros y su vez los negros discriminan los indígenas

Pero claro está que difícilmente se transformará esta situación, solo hasta que “tomemos conciencia de nuestra naturaleza, de la magnífica complejidad de nuestra composición étnica y cultural,…y nos comprometamos a ser un país, y no un nido de exclusiones y discordias”. Aquí hay racismo contra los negros y su vez los negros discriminan los indígenas, “cholos” les dicen despectivamente. En un país donde los gobernantes de turno solo se acuerdan de las comunidades pobres y de las soluciones estructurales cuando es “necesario recurrir a la infectada muchedumbre para obtener o comprar los votos” como lo menciona el poeta William.

Itsmina
Quebrada San Pablo del barrio San Agustín en el Municipio de Istmina. Allí acuden diariamente sus habitantes para arrojar sus basuras. Foto: Juan Diego Restrepo R.

William Ospina también se pregunta en su libro: ¿Quién ignora aquí que las grandes mayorías de Colombia no tienen nada que agradecerle al Estado tal como está constituido…?. En el Chocó no se tendría que hacer la pregunta, cabe la afirmación directamente. Aunque en este Departamento se visibiliza algo de inconformidad popular y conatos de rebelión son más contundentes las masacres humanas y las de pensamiento desde el arma más eficaz, la intimidación.

¿Dónde está la franja amarilla? menciona la cruda historia de exclusión y de odios que ha vivido esta Colombia, y el Chocó es la muestra mas representativa de ello y de la estratificación social al extremo. Hay ricos pero bien ricos, muy pocos claro. Y por otro lado hay comunidades que están sumidas en la profunda miseria, que se bañan y consumen agua de ríos llenos de mierda y viven incomunicados, sin luz, con el puesto de salud más cercano a 4 ó 5 horas en canoa o a pie. Esto sin duda acrecienta “…el conflicto entre las mayorías humildes y autenticas”, y da continuidad “al mezquino país de los privilegios”, pero éstos sólo para los que tienen como pagarlos. En el Chocó es un privilegio tener energía eléctrica para ver por los menos los eternos y aburridores programas que estupidizan cada vez mas está sociedad. No menciono ninguno para no herir susceptibilidades, creo que ya he herido bastantes con lo que he balbuceado hasta ahora.

Unos gobernantes que les han negado las posibilidades de acceso a niveles mínimos de vida

Como en la época de Gaitán que era el Frente nacional quien repartía la tajada de lo que se debía invertir en proyectos sociales, en el Chocó también continua la catástrofe. Ser encargado de la asignación de docentes por ejemplo es uno de los negocios ¨políticos” mas rentables, y eso que los profesores son los que mas se movilizan, pero al fin y al cabo tienen que comer. Muchos de ellos pagan dos o tres milloncitos para que les asigne una buena plaza en donde enseñar. La otra opción es escoger otro medio de subsistencia y dejar de estar entre los oficios más respetados del Departamento chocoano, de todas maneras pagar no garantiza nada por que aquí como no hay más posibilidades todo el mundo estudia para ser profesor. Los buenos y honestos docentes por favor hacer caso omiso, ellos saben que no los cobija lo señalado anteriormente.

Rodrigo
niño del Caserío los Peréa en el Municipio Litoral del San Juan. A fuera su hermano espera que termine la comida que le compartieron un grupo de misioneros que llegaron a la zona en la semana santa del 2009. Foto: Juan Diego Restrepo R.

Algún día, espero que los chocoanos y en general el pueblo colombiano se enfrentará “de un modo valeroso, sincero y desarmado, a esa clase dirigente que se lucra de la miseria nacional y que desprecia profundamente todo lo que no quepa en su mezquina orbita de privilegios” como lo proponía Gaitán y como lo menciona William Ospina en su libro. Ojala así como Gaitán “ennobleció el lenguaje de la política” los ciudadanos chocoanos se formen para hacerlo y transformar las condiciones tan inhumanas a las que han sido sometidos históricamente con su consentimiento. Porque bien dice la máxima que “cada sociedad tiene los gobernantes que se merece” y ellos, los ciudadanos chocoanos por su miedo e indiferencia tienen unos gobernantes que les han negado las posibilidades de acceso a niveles mínimos de vida y condiciones de dignidad. Como me mencionó algún día un amigo, “un pueblo con mentalidad de esclavos” lamentablemente.

Y es que en este país el Estado cree que con estimular campañas privadas de caridad evade su responsabilidad. Con ello lo que hace es demostrar su “incapacidad o la indiferencia para cumplir prioritarios deberes sociales, y su creciente hábito de dejar en manos de los particulares no la solución, sino el esfuerzo por mitigar los dramas de la pobreza y del desorden social” como menciona el escritor Ospina en su libro. Esta Colombia nunca ha dejado de ser el país de las Teletones, para la masacre de Bojayá por ejemplo, se hicieron muchas de esas. Pero el presente y porvenir de miseria de estas comunidades siguen su marcha.

Terminemos motivados por este texto ardiente, que sube los ánimos de principio a fin, que da un cosquilleo en el alma cuando nos confronta con las injusticias cotidianas de este país, de sus mezquinos gobernantes. Y que también nos ánima a seguir los ejemplos de grandes señores como Jorge Eliecer Gaitán y Diego Luís Córdoba. Pero no cabe duda que “…siendo evidentes la corrupción y el delito decirlo es ilegal y combatirlo puede ser mortal”.

Hace poco hice el ejercicio de preguntar a 10 estudiantes del grado superior de uno de los colegios de la ciudad de Istmina-Chocó por el nombre de su gobernador. Vaya sorpresa, solo 3 supieron darme el nombre a medias, los otros 7 balbuceaban y miraban con vergüenza para todos los lados. Eso es una catástrofe política, que un ciudadano no sepa tan siquiera quien le gobierna, quien toma las decisiones más importantes de su territorio. Mejor dicho como parodian en la obra teatral País Paisa: “Por eso es que estamos como estamos, POR ESO…”

blog comments powered by Disqus
Inicio | Noticias | En acción | Principios | El Movimiento | El Mensaje | Materiales | Quienes somos | Reflexiones
| | Mapa del sitio | Correo
Desarrollado por Atarraya: tejedores de saber social