Mayorías, Minorías y Votos

Vamos Participa!

Miércoles 15 de febrero de 2006, por German Bustos

El próximo 12 de marzo hay elecciones legislativas o de congreso en Colombia, como humanistas deberíamos hacer una revisión de lo que implican estas elecciones, de los temas en juego y de las propuestas que se están haciendo desde diversas partes.

Se supone que la institución que hace la diferencia entre democracia y tiranía es el parlamento, o el congreso, que para el caso es lo mismo. Las monarquías europeas (como la española, la británica o la danesa) son "democracias" gracias a que existen congresos que asumen un poder colectivo representado a la gente. En las dictaduras militares de América Latina lo primero que hicieron los golpista fue cerrar el congreso.

Los congresos son cuerpos colegiados, se supone que debe haber suficientes representantes para representar los intereses de diferentes intereses de la sociedad, no solo de los predominantes sino también de los minoritarios, así la discusión sobre las reglas de juego que rigen la sociedad se hará con el concurso de las diversas fuerzas que se mueven en ella.

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La democracia es un sistema político que promueve la diferencia y el conflicto. En la democracia cada cual debería poder ser como quiera ser y hacer lo que mejor le parezca, lo democrático es estar en desacuerdo. La unanimidad es sinónimo de dictadura, el uniforme de militarismo... Sin embargo el conflicto democrático no implica conflicto armado, ni siquiera requiere violencia, una sociedad verdaderamente democrática debería tener mecanismos no violentos para resolver los conflictos de todos los días. El conflicto armado en Colombia es ante todo una muestra de la debilidad y las malformaciones que tiene la democracia de este país.

Se supone que en los congresos deben estar representados diversos intereses de la sociedad y en la construcción de leyes se deben "pelear" las diversas visiones del mundo que tienen los representados a través de sus representantes, de manera que se logren acuerdos que beneficien el bien común y favorezcan a la mayoría de la gente, pero no aplasten a las minorías.

Pero ojo con eso de las mayorías y las minorías. Se supone que opciones políticas como el socialismo, el comunismo y el humanismo se preocupan por generar procesos que beneficien a las mayorías sociales, a la mayor parte de la sociedad, en especial a aquellos que son más pobres, mientras que los partidos liberales se suponen que benefician a las clases medias, burguesías empresariales y los conservadores a las minorías que tradicionalmente han estado en el poder (la iglesia, las oligarquías, los terratenientes). En esa lógica, sería de suponer que las opciones de izquierda deberían tener más representación en los congresos que las de derecha, pero eso no pasa en la vida real... La defensa de los intereses de las mayorías sociales, es en casi todos los congresos del mundo un trabajo de minorías de partidos que son minorías en los congresos como los verdes, los humanistas, los socialistas y los comunistas.

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Pero además hay que mirar con lupa cada congresista en particular, porque el solo rótulo de partido no es garantía que en la vida real, representan intereses de un grupo social, de hecho es frecuente que los políticos representen cualquier otro interés menos aquel que el rótulo de su partido pareciera indicar.

Ante este panorama la solución más fácil pareciera ser desertar de la democracia, denunciar sus aberraciones y buscar otros caminos para construir una mejor sociedad.

Ésta ha sido siempre una de las mejores justificaciones para emprender la lucha armada y buscar por la vía de la violencia construir una sociedad pacífica, justa e igualitaria. Cada vez me siento más desilusionado, no solo de las contradicciones implícitas en este método, sino de las consecuencias prácticas que encuentro.

Eso no quiere decir que lo que debemos es darnos por vencidos y someternos a que es mejor malo conocido que bueno por conocer. La dicotomía, entre mala democracia conocida y el buen mundo prometido por una revolución que nunca llegó, es una forma de paralizarnos ¿qué hacer? No sé, no estoy seguro, pero sé que no puede ser simplemente quedarnos quietos y dejar que otros decidan por nosotros.

En Colombia, donde tenemos la costumbre de “arreglar el país” cada vez que nos sentamos a charlar, somos también poco afectos a participar en política, apenas la mitad de la gente vota

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La invitación que nos hace el establecimiento es a votar, en caso que no lo hagamos debemos atenernos a las consecuencias de nuestro silencio: “no me importa quien represente mis intereses” se hace equivalente a “todos son buenos”, o también a “ninguno sirve” dependiendo quien interprete la abstención.

Como nadie puede garantizar qué es lo que en realidad querían decir esas mayorías que no votaron, se construyen nuevas mayorías con los pedazos significativos de los elegidos por la minoría que sí votó. Para conseguir esa porción “mayoritaria” de votos es necesario recurrir a muchos ardides, desde las complejas maquinarias polítiqueras que consiguen los votos a través de favores y prebendas, pasando por presiones armadas, hasta las sofisticadas campañas de marketing político que se pelean el “voto de opinión” con sofisticadas piezas de propaganda en las que cuenta más la sonrisa, el carisma, la capacidad de desenvolverse ante los medios y otros detalles que poco tienen que ver con las ideas.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

No tengo idea. Creo que lo primero que tenemos es que aprender mucho más de lo que significa el parlamento y lo que significa la vida en común. En ese sentido recomiendo revisar las enciclopedias Wikipedia y Encarta.
Adicionalmente sería bueno entender qué se supone que deben hacer en Colombia el Senado y la Cámara de Representantes, las dos cámaras en las que está dividido el Congreso de la República, que es el nombre oficial de nuestro parlamento según la Constitución

El segundo punto es conocer que es lo que están proponiendo los candidatos y candidatas de los diferentes partidos, es interesante notar que recientemente se logró la unidad de toda la izquierda colombiana en el Polo Democrático Alternativo, a través de una plataforma de unidad. Sería bueno ver quiénes son los candidatos de ese partido al Senado y a la Cámara de Representantes. También están los otros partidos: el liberal, el conservador, los de Uribe como la U y Cambio Radical.

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Finalmente, lo tercero y más importante que se me ocurre es que no nos podemos limitar a votar, ser ciudadanos y ciudadanas, implica ante todo preocuparnos por lo que pasa en la vida pública, según dicen los griegos llamaban a los que no se preocupaban por los asuntos colectivos idiotas. No ser idiota es el mayor reto que tenemos en una sociedad cada día más compleja y diversa, en especial si esperamos humanizar cada día más esa sociedad. Ese es el debate que queda abierto.

Recomendamos: La Democracia Formal y la Democracia Real.

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