La conciencia como nexo entre “lo interno” y el mundo

versión 1.0

Jueves 31 de marzo de 2005, por Alejandro Volkoff

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Hace tiempo que ando dándole vueltas al tema de la conciencia: qué es, cómo funciona, cuáles son sus límites... Alguien me comentó que Husserl la veía más como aparato, mientras que Sartre la veía más en dinámica. De allí que Silo diga que sería más apropiado hablar de “conciencia de”, y que en el esquema del psiquismo se diga “coordinador”.
El otro día estaba leyendo Interpretaciones del Humanismo, de Salvatore Puledda, y en el capítulo que habla de Sartre, tuve una comprensión de qué era conciencia (al menos una comprensión mayor que la que tenía hasta ese momento), fue una sensación física acompañada de un escalofrío.

En ese momento hubiera querido pintar un cuadro con lo que sentía, porque me parecía que las palabras no eran adecuadas ni suficientes para expresarlo; tal vez por medio de la poesía. Pero como no soy pintor ni poeta (al menos de momento), intentaré explicar lo que creí comprender de la mejor manera posible, sabiendo que no podré transmitir cabalmente lo sentido.

Vi a la conciencia, con su intencionalidad, como el nexo que une a “lo interno”1 (me une) con el mundo, enviando y recibiendo impulsos (o como se llamen, digamos señales o información o datos). Y al ser la conciencia activa y no pasiva, lo que la conciencia recibe del mundo no es cualquier cosa, sino algo relacionado con los previos actos de búsqueda; del mismo modo, la conciencia no envía cualquier cosa al mundo sino cosas relacionadas con los actos lanzados, o nuevos actos.

Siguiendo con este razonamiento, debe haber cosas que no llegan a “lo interno”1 , y otras que llegan transformadas, traducidas, siempre siguiendo el criterio de la conciencia basado en los actos.

¿Qué pasa con lo que sale de lo interno? ¿También es filtrado por la conciencia? Aquí surge otra pregunta: ¿quién o qué determina esos actos lanzados por la conciencia? ¿Es la conciencia autónoma o hay algo que la maneja, que la dirige? Creo que debe haber algo que determina esos actos, y la conciencia obedece; a ese algo le llamo “lo interno”. Pero, como dijimos, la conciencia no es pasiva, por tanto ¿dónde está su actividad respecto de lo interno? Ya vimos que respecto del mundo lo que hace es transformar y filtrar aquello que llega. En cuanto a lo que sale, “lo interno” determina direcciones, deseos (¿y necesidades?), y es la conciencia la que los traduce a actos. También ocurre que hay deseos que, por los motivos que sea, no pueden ser traducidos a actos (no pueden ser expresados en el mundo) aunque de todos modos son transformados en imágenes por la conciencia, y entonces quedan estas imágenes como compensatorias, sin dar salida a que el deseo se manifieste o exprese en el mundo pero ofreciéndose como compensación para aquietarlo.

A continuación un esquema elemental que resume lo dicho:

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Este esquema tiene el peligro de que se interprete que “lo interno” está dentro de la conciencia; no es así como yo lo veo. En realidad me imagino “lo interno” como en otro plano, distinto al de la conciencia, que opera en este caso como nexo entre el plano de “lo interno” y el plano del mundo. También es necesario aclarar que el mundo incluye lo externo a mi cuerpo y también lo interno a él y la memoria (es decir que la conciencia recibe las señales desde los sentidos externos e internos y desde la memoria).

Definiciones en el Vocabulario de Autoliberación:

CONCIENCIA. 1) Llamamos conciencia al registro que efectúa el aparato que coordina y estructura, operando con sensaciones, imágenes y recuerdos. Este aparato debe tener una constitución que le dé unidad, no obstante su movilidad, porque las actividades que registra también son móviles. Este aparato no está constituido desde el principio en el ser humano y parece irse articulando a medida que se construye el conjunto de las sensaciones del cuerpo. Este aparato de registro de sensaciones, imágenes y recuerdos está en el cuerpo y, a su vez, ligado a las sensaciones de éste. A veces, este aparato se identifica con el yo (V.) y esta identificación se realiza a medida que las sensaciones del cuerpo se suman y modifican en el campo de memoria. Desde este punto de vista, no se nace con un yo, sino que éste se desarrolla y articula por acumulación de experiencias. No hay yo sin sensación, imagen o recuerdo. Cuando el yo se percibe a sí mismo también trabaja con esas vías, sean verdaderas o ilusorias. 2) Llamamos conciencia al sistema de coordinación y registro que efectúa el siquismo humano. Nos referimos a un mismo aparato por las diversas funciones que cumple: si coordina, decimos "coordinador"; si registra, "registrador". No consideramos conciente a ninguna operación del siquismo en la que no participan tareas de coordinación.

YO. Llamamos yo a aquello que observa los mecanismos y operaciones que se van desarrollando en la conciencia. En vigilia esta observación se efectúa como desde "adentro", mientras que en el sueño se observa como desde "afuera". En ambos casos el yo aparece como separado, como no incluido en las operaciones que observa. Así, pues, por registro interno no es legítimo identificar yo con conciencia ni con una de sus funciones.(V. Conciencia). Los límites del yo están dados por las sensaciones del cuerpo, especialmente las del tacto externo.

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