La Despedida

Sábado 21 de mayo de 2005, por H. Van Doren (Fecha de redacción anterior: 25 de abril de 1969).

Estando Silo en su ermita de piedra, se llegaron hasta él varias personas enteradas de su próximo alejamiento.

En su mayor parte eran obreros ferroviarios que sentían admiración por aquel hombre solitario.

Hombres fuertes, acostumbrados a los rigores del clima y a la soledad, simpatizaban no tanto por el conocimiento de la doctrina, sino por el ejemplo de ascetismo que se les daba.

Esta conversación sencilla muestra la vena de humor y de calor humano que siempre mostró Silo entre la gente sin dobleces.

Nos parece tan importante su publicación como la de cualquier otra arenga, no obstante la aparente ’baja de nivel’ que en ella se muestra.

«Veo que se han acercado cargados como para un festejo. Está bien. Vamos a comer juntos y nadie será tan poco comprensivo que me reproche si no tomo el vino que han traído. Ya he visto en otras ocasiones al Viejo Vergara chispear sus ojitos de picardía cuando le rechazaba el vaso.

(Pero no había lugar para todos dentro de la ermita).
El sol cae, el frío arrecia y mientras Eduardo asa el guanaco, los más fuertes se quedan afuera ayudándolo. Los flojos nos protegemos adentro de la pirca. Primero el más friolento, o sea yo.

(Así, entre bromas fue pasando el tiempo. Luego corrió el asado, el vino y sonó también una guitarra. Los cuentos del Futre acompañaron a los mates. Después se produjo un sostenido silencio y Silo habló).

Han pasado cuatro meses desde que llegué. Todo esto y también la fiesta de hoy, me hacen recordar una historia que sucedió en Europa, allá lejos, cruzando el océano.

El hombre que escribió sobre el asunto era de gran corazón, pero sus ideas nada tenían que ver con sus sentimientos. Sus ideas fueron muy lejos y provocaron muchas desgracias. Ese hombre a quien sus amigos llamaban ’Fritz’, descubrió un día que Dios había muerto.
Él que amaba la vida y que hizo un canto a la alegría no pudo soportar esta idea que dejaba al mundo tan solo y sin ningún sentido.
Pasó el tiempo y se produjo una gran lucha entre las ideas violentas y los hermosos sentimientos de Fritz. Esta lucha dentro de él lo llevó a una muerte lamentable....

Ese era el hombre. Pero la historia que escribió era la de una persona que se retiró a la montaña a meditar y volvió tan cargada de sabiduría que cuando quiso hablar a la gente, nadie logró entenderla.
Esa persona del cuento se llamaba ’don Zárate’. Luego de hablar en el pueblo la gente le gritó: ’Hablas muy difícil, Zárate. Nosotros no te entendemos’.

El pueblo en que pasó todo se llamó ’La Vaca Pintoja’.
Al mirarlos a ustedes ahora, tan atentos a ese cuento, pienso si Fritz no se equivocó y debió acercarse aquí, a este pueblo nuestro llamado ’La Punta de Vacas’.

Nosotros nos entendemos y sabemos que si Dios murió en Europa y en la mente de Fritz, está renaciendo en América y en el corazón de los hombres sencillos.

Yo me voy ahora, pero hablaré en Punta de Vacas, en cuatro días más. Luego me alejaré para siempre.

Díganle a las maestras y a la Directora que las recordaré.
Seguramente los niños de este pueblo serán educados en un futuro no lejano, en nuevos valores y con una renovada fe.

Víctor y Carlos crecerán en un mundo nuevo en el que todo lo de hoy será cambiado como no hubo antes cambio en el mundo.

Los más viejos: Aballay y Gallardo, alcanzarán a ver el hocico del cambio que se viene en nuestro mundo, pero antes habrá un momento de violencia general que será necesario combatir sembrando ideas de paz.
Nadie se asuste cuando llegue ese momento de confusión, porque después de él vendrá el tiempo en que la humanidad alcanzará la paz y el viejo Vergara podrá tomar su vino sin sobresalto.

Ya el sol se fue detrás del cerro y para llegar al pueblo es necesario cruzar el río Tupungato que trae aguas casi heladas.

Después de los ríos y las piedras que oculta la noche, está el pueblo.
Después de esta noche está el sol que se levanta desde Uspallata.
Los que quieran ese mundo mejor no sólo tienen que pensar bien, sino sentir bien y actuar bien para que no les pase como a Fritz que sentía una cosa pero pensaba lo contrario.

Todos los que quieran ser hombres o mujeres derechos tienen que: no mentir, no robar, no matar, ser fieles y llevar la paz dentro de cada uno y a los otros para ayudarlos.

Hay que estar contra las guerras y las peleas y no hay que vengarse jamás. Lo único que se gana con la venganza es complicar las cosas.
Veo que aquél me mira de costado... Aunque no te parezca, no debes castigar a otros ni aún para defenderte. Piensa que al fin de cuentas la vida es corta y vale la pena morir con la conciencia tranquila, no vaya a suceder que en el otro mundo el ánima sea inmortal y se esté mejor si se ha obrado bien en esta vida.

Si crees en el otro mundo no te asustes por el Infierno, porque no existe. Uno debe cumplir con lo que he dicho no por temor, sino para ser mejor».

25 de Abril, 1969

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