El aroma del Mensaje de SILO

Jueves 4 de septiembre de 2008, por Malucha Pinto

No hago esta mención en vano porque si bien sus apreciaciones son brillantes: a veces abstractas y en ocasiones aceradas y sólidas, todo parece percibirse desde un perfume lejano. Es, diría, extraordinario. Nunca hubo respecto a mi obra, un acercamiento olfatorio, un acercamiento sensorial tan difícil (y para ella, tan sencillo). Y es gracias a ese acercamiento que puede ascender más allá de los sentidos, más allá de las representaciones para llegar a un mundo que los antiguos llamaron de la "almas", afuera de toda representación. SILO.

Desde el alambique de un perfumista... Palabras que abren, sugieren y cantan. No es del caso hacer un comentario literario aunque este libro está bellamente escrito. Hay imágenes conmovedoras, sugerentes, que te llevan de las alas a esos espacios que nuestro autor-mensajero tan bien describe… “Luego, los redentores trajeron sus mensajes y llegaron a nosotros en doble naturaleza, para restablecer aquella nostálgica unidad perdida. También entonces se dijo gran verdad interior.” Palabras que abren, sugieren y cantan.

No quiero hacer ese comentario literario que viene al caso ya que es una presentación de libro a pesar que, también, es un libro bellamente concebido. Esa letra negra, tan negra sobre una página inmaculada y suave. Ese trazo rotundo, esa comunión entre lo albo y lo oscuro como parte de una unidad perfecta, en una sola comprensión. Su fragancia, su elegancia, su tamaño que cabe, perfecto, en mi mano, en mi regazo.

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En esta ocasión quiero humildemente compartir lo que me pasó con este texto.
Este SILO me toma de la mano, no, no me toma, porque no intenta nada… Entonces me dejo tomar, talvez, elijo ser tomada, decido hacer el viaje. Él solo expone. Como buen SILO guarda el alimento que nutrirá a comunidades enteras, si lo abren. Guarda el grano, lo atesora y cuida para bendición de hombres y mujeres, si acceden al tesoro.

Este libro ha sido un viaje que he hecho, a ratos a pie, a tranco lentísimo, a ratos en una nave construida por manos de seres de otras galaxias, a ratos a caballo que anda por el bosque a galope con el viento despeinando mis crines, a ratos planeando por los aires del mundo… Un viaje con estaciones precisas. Ahí hay un a riqueza inmensa: en la precisión de las estaciones. Un viaje de retorno al alma, a mi alma. En él no hay desorden, ni vaguedades, aunque da espacio a la creatividad infinita. Este es un viaje que nuestro SILO ha estudiado con su propio cuerpo, con su ser, con su energía que viene transformándose en seres nuevos desde tantos siglos y lo seguirá haciendo.

A ratos me reí, a veces lloré de emoción, reconocí vivencias precisas. Dije ¡ahhhhh! Y ¡ooohhh...! muchas veces… muchas dije ¡¡¡¡La cagó!!!! ¡¡¡¡Siiiiiii!!!!

“Recordé entonces las leyendas sobre los cielos y los infiernos viendo la línea divisoria entre ambos estados mentales.”, dice él. Yo también recordé, mi mensajero.
Yo viajo, aún, entre el cielo y el infierno. ¡Con qué claridad lo he visto, mensajero!

“Fui perdiendo la fe en la muerte y desde entonces no creo en ella, como no creo en el sin sentido de la vida.”, dice. Eso lo comparto, mensajero, a pesar de mi caos.

Una hoja blanca, muy blanca… acerco mi nariz… inhalo:
Olor a claro que resplandece poniendo luz en las zonas oscuras. Sin juicio, desde una tranquilidad que, a ratos, parece frialdad. Me siento incómodamente libre. La libertad a ratos molesta. Estoy tan acostumbrada a la pasión y sus juegos adrenalínicos. La pasión me esclaviza, el mensajero-autor no me obliga a seguirlo, no me manipula, no me convence. Maldito, digo, no puedo polemizar contigo, no puedo no estar de acuerdo y entretenerme horas en eso ya que no te interesa que yo te siga. Solo me amas al compartir conmigo tu ruta. Él despliega ante mis ojos su vivencia, paso a paso, convertida por el río del tiempo. En esas palabras que salen de su pluma, de la elaboración acuciosa que hace su cabeza, está la huella indeleble de su propio caminar atento, en estado de alerta permanente, hasta en las tinieblas. Ahí está el ser humano con su propia búsqueda, expuesta su vulnerabilidad al describir las trampas del camino. ¡¡Qué ganas de vivir me dieron!!!! ¡Qué deseos irrefrenables de no cerrar los ojos ni el alma nunca! ¡Cómo me vi, cómo me miro a medida que te voy leyendo mensajero! ¡Cómo has sido generoso y amante de mi propia vida, SILO lleno de semillas para pasar el invierno!

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Este libro tiene olor a libro de mi papá que abre puertas a nuevas comprensiones. Volví a ser niña que se trepa por repisas llenas de conocimientos que agitaban mi corazón, que me permitían asomarme a lo que podría conducirme a la quietud gracias a lo que se alumbra. Abrí cómo intrusa Pandora este baúl libro y sentí que salían de mi las siete plagas y, también, luminosa y cierta, por ser experiencia, la esperanza de la paz.

Este libro, para mi, tiene olor a maicena, harina, ingredientes que cocinados traerían placer y nutrición a mi caminar. Es receta, también, si te sigo cuidadosa, y en las medidas exactas. Podré, porque tú has podido, mensajero, encontrarme con la Fuerza prometida que no solo me bendecirá a mí y a mi vida, sino a la vida de todos. Una Fuerza tan diferente a la fuerza que conocemos y practicamos, una fuerza que es luz multiplicada para la paz, la alegría, el amor.

Olor a espacios abiertos donde puedo elegir quedarme, mirar, volar, contemplar, sentarme, no importa pero la sugerencia es despertar, traspasar las trampas, seguir, perseverar. Ser pájara mirona de mi propia experiencia, instalarme a meditar, permitirme entrar.

Unas gratitudes quiero echar a la tierra al mensajero-escritor. Lo guardo en mi alma. Gratitudes por tantos permisos que me dio respecto a las temáticas prohibidas: Sexo, religión, éxito. Permisos para mirar con el ojo del águila implacable pero amorosa. Gracias por su propio viaje que ilumina el mío, por los alumbramientos, por las sensaciones de alegría y bondad infinita a lo largo de la lectura y la práctica que propone el texto columpiándose en mis ojos. Gratitud por lo limpio, por el orden, por el método. Gratitud muchas veces.

Mensajero severo, soy otra que pregunta, después de esta fragancia de hojas, palabras, color de la letra. Si, preguntaré: ¿Quién soy? ¿Hacia donde voy? Buscaré esa coherencia que me conduce hacia la unidad perdida. La construiré en el mundo de afuera y en el mundo de adentro que son un solo mundo. Me comprometo mensajero, contigo, conmigo, conspiramos. Escondida entre tus palabras, está la promesa del colectivo. No estamos solos, no hay muerte, vamos construyendo la paz, la alegría en cada uno y en todos.

Aquí vídeo:

Lanzamiento del Mensaje de Silo - Santiago de Chile

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