Experiencia Guiada

El Festival

Viernes 18 de noviembre de 2005, por Mario Luis Rodríguez Cobos "Silo"

El Festival
Experiencia Guíada

Acostado en una cama, creo estar en la habitación de un hospital. Escucho apenas, el goteo de un grifo de agua mal cerrado. Intento mover los miembros y la cabeza, pero no me responden. Con esfuerzo, mantengo los párpados abiertos.

Me parece que alguien ha dicho a mi lado, que afortunadamente salí de todo peligro... que ahora, todo es cuestión de descanso. Inexplicablemente, esas palabras confusas me traen un gran alivio. Siento al cuerpo adormecido y pesado, cada vez más flojo.

El techo es blanco y liso, pero cada gota de agua que escucho caer, destella en su superficie como un trazo de luz. Una gota, una raya. Luego otra. Después, muchas líneas. Más adelante, ondulaciones. El techo se va modificando, siguiendo el ritmo de mi corazón. Puede ser un efecto de las arterias de mis ojos, al pasar los golpes de sangre. El ritmo, va dibujando el rostro de una persona joven.

- Eh, tú! - me dice - por qué no vienes?

- Claro - pienso - por qué no?

... Allí adelante se desarrolla el festival de música y el sonido de los instrumentos inunda de luz un enorme espacio tapizado de hierba verde y flores.

Estoy recostado en el prado, mirando hacia el escenario. A mi alrededor hay una enorme cantidad de gente, pero me agrada el hecho de ver que no está apiñada porque hay mucho espacio. A la distancia, alcanzo a ver antiguos amigos de la niñez. Siento que están realmente a gusto.

Fijo la atención en una flor, conectada a su rama por un delgado tallo de piel transparente, en cuyo interior se va profundizando el verde reluciente. Estiro la mano, pasando suavemente un dedo por el tallo terso y fresco, apenas interrumpido por pequeñísimos abultamientos. Así, subiendo por entre hojas de esmeralda, llego a los pétalos que se abren en una explosión multicolor. Pétalos como cristales de catedral solemne, pétalos como rubíes y como fuego de leños amanecidos en hoguera... Y en esa danza de matices, siento que la flor vive como si fuera parte mía.

Y la flor, agitada por mi contacto, suelta una gota de rocío amodorrado, apenas prendida en una hoja final. La gota vibra en óvalo, luego se alarga y ya en el vacío se aplana para redondearse nuevamente , cayendo en un tiempo sin fin. Cayendo, cayendo, en el espacio sin límite... Por último, dando en el sombrero de un hongo, rueda por él como pesado mercurio, para deslizarse hasta sus bordes. Allí, en un espasmo de libertad, se abalanza sobre un pequeño charco en el que levanta el tormentoso oleaje que baña a una isla de piedra-mármol.

Alzo la mirada para ver a una abeja dorada que se acerca a libar en la flor. Y en ese violento espiral de vida, contraigo mi mano irrespetuosa, alejándola de aquella perfección deslumbrante.

Mi mano... La miro atónito, como si la viera por primera vez. Dándola vuelta, flexionando y estirando los dedos, veo las encrucijadas de la palma, y en sus líneas, comprendo que todos los caminos del mundo convergen allí. Siento que mi mano y sus profundas líneas no me pertenecen, y agradezco en mi interior, la desposesión de mi cuerpo.

Adelante se desarrolla el festival y yo sé que la música me comunica con esa muchacha que mira sus vestidos y con el hombre joven que, acariciando un gato azul, se respalda en el árbol.

Sé que antes he vivido esto mismo y que he captado la rugosa silueta del árbol y las diferencias de volumen de los cuerpos. Otra vez ya, he advertido esas nubes ocre de forma blanda, pero como de cartón recortado en el celeste límpido del cielo.

Y también he vivido esa sensación sin tiempo en que mis ojos parecen no existir, porque ven todo con transparencia como si no fueran ojos del mirar diario, aquellos que enturbian la realidad. Siento que todo vive y que todo está bien; que la música y las cosas no tienen nombre y que nada verdaderamente, puede designarlas.

En las mariposas de terciopelo que vuelan a mi alrededor, reconozco la calidez de los labios y la fragilidad de los sueños felices.

El gato azul se desplaza cerca mío. Caigo en cuenta de algo obvio: se mueve por sí solo; sin cables, sin control remoto. Lo hace por sí solo y eso me deja atónito. En sus perfectos movimientos y tras los hermosos ojos amarillos, sé que hay una vida y que todo lo demás es un disfraz, como la corteza del árbol, como las mariposas, como la flor, como la gota mercurial, como las nubes recortadas, como la mano de los caminos convergentes. Por un momento, me parece comunicar con algo universal.

...Pero una voz suave, me interrumpe justo antes de pasar a otro estado de conciencia.

Usted cree que así son las cosas? - me susurra el desconocido - . Le diré que no son de ese modo, ni del otro. Usted, pronto volverá a su mundo gris, sin profundidad, sin alegría, sin volumen. Y creerá que ha perdido la libertad. Por ahora no me entiende, ya que no tiene capacidad de pensar a su antojo. Su aparente estado de libertad, es sólo producto de la química. Esto le sucede a miles de personas, a las que aconsejo cada vez. Buenos días!

El amable señor ha desaparecido. Todo el paisaje empieza a girar en un espiral gris claro, hasta que aparece el techo ondulante. Oigo la gota de agua del grifo. Sé que estoy acostado en una habitación. Experimento que el embotamiento de los sentidos se diluye. Pruebo mover la cabeza y responde. Luego, los miembros. Me estiro y compruebo que estoy en perfectas condiciones. Salto de la cama reconfortado, como si hubiera descansado años.

Camino hasta la puerta de la habitación. La abro. Encuentro un pasillo. Camino velozmente en dirección a la salida del edificio. Llego hasta ella. Veo una gran puerta abierta, por la que pasa mucha gente en ambas direcciones. Bajo unos escalones y llego a la calle.

Es temprano. Miro la hora en el reloj de pared y comprendo que debo apurarme. Un gato asustado, cruza por entre peatones y vehículos. Lo miro correr y sin saber por qué, me digo a mí mismo: "Hay otra realidad que mis ojos no ven todos los días".

blog comments powered by Disqus
Inicio | Noticias | En acción | Principios | El Movimiento | El Mensaje | Materiales | Quienes somos | Reflexiones
| | Mapa del sitio | Correo
Desarrollado por Atarraya: tejedores de saber social